Hay días donde lo único que te queda, es el cansancio.
Un poco de frió, un poco de transpirar y muchas lagrimas por rodar... es así como algunos días se tornan, es así como poco a poco vas logrando lo que quieres. ¡Cuán difícil es!
Pasan los meses y se empieza a sentir la lejanía, el querer compartir con la familia, los amigos, con la gente que amas. Extrañas los parques y lugares donde siempre estabas.
Si...yo lo he sentido; lo siento más seguido de lo que se puede imaginar..
Algunos pensarán que es un capricho, que fui loca al salir, que no pensé en nadie más.
Y tienen toda la razón,¡loca estoy!, locos estamos todos los que corremos tras un sueño, tras lo que creemos ser llamados, locos todos aquellos que abandonaron a su gente y ahora están lejos luchando, dando todo de si mismos en la inmensidad de la noche o en el hermoso amanecer que se pierden contemplar porque deben trabajar.
Locos aquellos que como yo, van por las calles de un lado a otro sonriendo, saludando a quien se cruce porque si y porque no, locos aquellos que hablan con Dios al salir y al entrar de sus casas, de sus trabajos de sus exámenes, locos seamos todos los que creemos en un Dios, que es escudo, que es fortaleza, que comparte día a día contigo, que jamás se va... Ni siquiera cuando nadie más está.
A veces, ¡Qué a veces! Siempre vamos buscando la felicidad, creemos que la felicidad son las grandes cosas, pero no... Ahora comprendo que la felicidad está cuando beso a mi madre, cuando comparto tiempo con mis hermanos, con mis sobrinos con cada uno de los que de una u otra forma llegaron a mi vida o me permitieron llegar, esa es la verdadera felicidad, y no tiene precio.
Ahora mi felicidad, es tener a Jesús a mi lado contemplando mis salidas de casa a la facultad, mis noches de lluvia y de temores donde el me dice, ¡Segura estás!.. Ahora me gozo de saber que no importan las frustraciones, que no importa el frió o el agua congelada, que no importa el andar en bici o caminar, que no importa comer hoy y mañana no, que no importa si quiera si alguien te desprecia o si alguien te quiere porque en total, Jesús es mi fortaleza.
Ya no vale la pena resistirse a lo que Dios tiene para ti, pierdes la guerra...
Yo me canse de luchar, de pelear, hice aun lado todo de mi y lo dejé ganar.
Cuando hay otoño en nuestra vida, también está su espíritu con nosotros.
Aúnque llegue el invierno y los días se hagan más solitarios y fríos:
¡Brilla desde el cielo la luz de vida!

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